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Como la nieve ya va desapareciendo nuestras travesías, que estos meses pasados discurrían por la tierra baja o las sierras prepirenaícas, se trasladan a zonas con pasos por encima de los 2.000 m. de altitud. Con esta programación el domingo día 7,a las 7:30 h., subíamos a los autobuses 86 senderistas para cruzar por el collado de Izas desde Formigal a Canfranc siguiendo la GR 11. Nos lo había anunciado "el hombre del tiempo" de forma machacona, por la noche había llovido en Huesca, desde "el mirador de Monrepos" las altas cimas estaban ocultas tras las nubes, etc. En pocas palabras el porvenir no estaba claro, más bien muy oscuro.
Gracias a una gestión de Peña Guara en la gasolinera del pueblo de Formigal nos esperaban con la llave que nos permitiría levantar la barrera y que los autobuses ascendieran por la carretera de la estación de esquí hasta el aparcamiento de Sarrios. El día comenzaba de primera pues sin bajar del autobús estábamos a 1.800 m. de altitud.
A las 9:35 h., tras vaciar algunos termos y tomar las consabidas raciones de galletas y chocolate, era el momento de decidir la ropa y equipamiento a llevar. No hizo falta convencer a nadie de las reglas lógicas: Paraguas a mano , Capas o impermeables a punto, Polainas puestas y todos con el chubasquero y su gorro desplegado.
Por el contrario no hubo ofrecimientos de cremas solares, aprovisionamientos de agua, ni gorras o sombreros.
A los cinco minutos de salir comenzó a llover, al principio como de broma, pero minutos después comenzó una lluvia continua que se alternaba con pequeños chaparrones, y que además de almorzar con nosotros nos acompañó, junto con una densa niebla, toda la subida hasta llegar al collado de Izas (2.224 m. 11:10 según el reloj que hay sobre el panel que señala las pistas y los remontes de esta extensa estación de esquí).
Con estas condiciones meteorológicas, lluvia y niebla, y caminando sobre nieve los senderistas adoptamos la técnica del ciclismo, uno detrás de otro, bien pegados, con la cabeza baja y apoyando la bota justo en la huella que ha dejado el que nos precede. Los compañeros que diez días antes habían ido a reconocer la travesía tenían programado pasar por toda la cuerda desde el collado de Izas por el pico de Tres Huegas hasta el collado de Escarra y desde él descender al valle para así disfrutar de unas magníficas vistas. Pero con una visibilidad menor de 30 m. y lloviendo, eso só sin viento, lo más sensato era empezar a bajar las palas de nieve con la esperanza de que más abajo el tiempo fuera mejor.
El descenso por palas de nieve con inclinaciones de uno 45º y con nieve blanda es una gozada para quien tiene cierta experiencia para moverse en este medio pero toda una prueba de valor para quien no la posee. Eso sí, si alguien demanda ayuda encuentra compañeros/as que te bajan en volandas. El largo y amplio valle de Izas está conformado por sucesivas terrazas, probablemente restos de cubetas glaciares. La primera de ellas inmediatamente debajo del collado alternaba zonas nevadas con otras encharcadas y empezaban a formarse pequeños regueros de agua que al unirse dan lugar al barranco de Las Negras (toma su nombre de la coloración de las tierras). En la segunda, un poco antes del Campanil de Izas, comenzaban a brotar los primeros tallos de hierba y las flores que aparecen nada más fundirse la nieve: prímulas, gencianas, dafnes y nuestro ranúnculo del Pirineo. La tercera terraza, poco antes del barranco que baja del ibón de Samán o Iserías, nos ofreció una vista inusitada: casi media hectárea colonizada por matas de narcisos de gran tamaño. Se sacaron multitud de fotos pero . ¡¡hay que verlo en directo !!
El barranco para salvar la pendiente entre las terrazas nos ofrece un curso muy variado de rápidos, gradas y cascadas destacando la de Las Negras, escuela durante mucho tiempo de escalada en hielo que se completaba luego en las imponentes paredes de Iserías. El terreno herboso, la vegetación arbórea está ausente en todo el valle, que durante la última hora hemos recorrido y que el sol ha hecho su aparición nos ha permitido aligerarnos de ropa y ya seca volverla a nuestras mochilas. El final del valle, principio para el que entra desde Canfranc, es por el contrario agreste y exige caminar con cuidado, sobre todo si las piedras están mojadas, una marcada senda que va salvando el fuerte desnivel entre las enormes piedras desprendidas de las paredes de Iserías que se levantan varios centenares de metros por encima de nuestras cabezas. A nuestra derecha podemos ver, algunos metros por debajo, como salva el impetuoso torrente el fuerte desnivel antes de llegar a la presa de Iserías.
Llegados a ella, una pista nos trasladará en menos de cinco minutos al fuerte de Col de Ladrones, fortificación mandada construir por Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI, que presenta un estado ruinoso pero que al estar en un promontorio ofrece una vista muy aérea del valle del Aragón. Sin duda alguna el lugar ideal para comer, aunque alguno objetó que más que el lugar era la hora lo que había que tener en cuenta.
Tras la comida se concedieron dos horas de asueto ya que había que tomar café, ver las obras de la estación (hace menos de un año en otra travesía por la zona reclamábamos la urgencia de la rehabilitación) pero todo no pudo ser porque el cielo, que se había puesto del mismo color y tono que en Formigal, nos regaló un monumental chaparrón que afortunadamente nos cogió a cubierto. A las 6 de la tarde salimos hacia Huesca donde llegamos con tiempo suficiente para contemplar otra fuerte tormenta. Ya se sabe hay días que .
Organización de Turismo Alto Aragón (TAA) de Peña Guara (Huesca)
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